Agonizaba ya la década de los 80's, cuando en el otoño del 89 me vi insertado por vez primera dentro de uno de esos horrorosos arneses Peztl de colores estridentes, qué tan bonitos nos parecían.
Pero lo más impactante fue la extraña sensación, a caballo entre el dolor y el ridículo, al momento de calzarse unos maltrechos pies de gato, modelo Ninja prestados, que en su momento eran de lo mejor, con los que ahora no me subiría ni a un taburete...
sensaciones todas eclipsadas por la inmensa emoción que me embargaba por probar eso de la escalada....