viernes, 9 de junio de 2017

San Martín - 7b+'s x 2






Siguiendo con la técnica de escalada del cucurucho, gastar poco y escalar mucho, está siendo una primavera muy provechosa escalando por el jardín de casa. Por fin empiezan a caer encadenes largamente trabajados.

Los que me conoceis ya sabeis que soy un paquete máximo que se lo tiene que currar más que la media para conseguir los objetivos.

Tal es el caso de haber conseguido superar una barrera sicológica en mi escuela local, San Martín de Valdeiglesias, pues hasta ahora no había podido encadenar algo por encima de 7b.

Pero hace dos semanas, el 19 de mayo, por fin se rompió esa barrera con una preciosa vía del sector ecológico equipada por Braulio llamada "Sordo de amor".  Se trata de una variada vía de canto, que empieza en placa desplomada, luego un paso de bloque de montarse en una placa de micro canto final.
Me sorprendió mucho este encadene pues me pareció una vía fácil en su grado, ya que la hice al segundo pegue; en realidad fue en un pegue y medio, pues bajando del 6b+ de calentar le puse las cintas en la placa de arriba y probé un poco el paso de montarse.
En el pegue iba a vista poniendo cintas las cinco primeras chapas, zona donde pensaba que me caería, peri apretando a muerte me vi en el reposo antes del bloque y pensé, como lo se hacer, si me tengo que caer, que sea en la placa de arriba...  y así poco a poco y gracias a tener las cintas puestas la fui negociando y cuando me quise dar cuenta estaba en la reunión, que subidón... en mi opinión creo que la vía se me dió muy bien además de tener mucha suerte y aunque sea un 7b+ suave, no seré yo quien lo decote.


La segunda ya no fue cuestión de suerte, ni tampoco es suave...
el proyectazo que encadené ayer, en otra de las innumerables mágicas tardes en el callejón, solos Berta y yo, unas decenas de pajaritos y el rumor del viento...

Como describir un proceso tan largo, tan lleno de recuerdos, altibajos, emociones...un proceso de 18 sesiones y cerca de 40 pegues, es la vía más dura y que más me ha costado en mi vida, pues aunque en Cadalso ya tenía alguna vía dura y algún 7c, es un estilo mucho más asequible por ser menos físico, pero el granito de presa generosa de San Martín me resulta mucho más exigente.
Y es que la primera vez que probé "Estrechando lazos", la vía en cuestión, fue en la primavera de 2014, hace 3 años, cuando recién había encadenado la "Julia" y la "Elevando..."
Fue un buen correctivo pues en el primer top rope comprobé que iba a ser un largo proceso, ya que no fui capaz ni de moverme ni enterarme en absoluto tanto del bloque de abajo como en el de arriba.

Recuerdo cada pequeño avance, y la ilusión que iba sintiendo cada vez que lograba algún progreso...
cuantas veces, unas con frío, otras con calor, y siempre acompañado de las experiencias que en este sentido que relataba de una forma exquisita Ron Hauk en su libro "Espíritu de la roca".

Recuerdo esas primeras veces que me tenían que chapar la reunión desde arriba porque me resultaba imposible salir escalando, ni acerando, ni con estribos; ya que es un bombe y está obligado con la chapa por debajo de los pies...recuerdo muchos vuelos y cerillazos, eran largos, pero muy limpios, el muro es una auténtica joya de la escalada en granito.

En la primera temporada apenas pude empezar a descifrar la secuencias; recuerdo que un día me dedicaba a los pasos de abajo, y sobre todo al principio me centre mucho en ser capaz de poder salir escalando hasta la reunión para no tener que depender de "rescates".

Ya en la segunda temporada conseguí salir escalando el paso de arriba y también conseguí hacer limpiamente por primera vez el bloque del principio, que es más duro que el de arriba pero como te pilla fresco tiene menos problema.

Muchas veces pensaba que nunca la haría
Recuerdo cantidad de ocasiones, con mucha gente, pero sobretodo recuerdo una tarde con mi querido amigo Gumito, que siempre le tengo como referente pues siempre está un plus por encima mio, cuando después de media hora pegando vuelos e intentos no pudo resolver la secuencia de arriba, lo cual me dejó hecho polvo, pues si no podía él, mucho menos lo iba hacer yo. Y así era, aún me costaron unas cuantas visitas hasta que pude resolverlo.

Cuando ya en la tercera temporada me salían los pasos bien, tuve que dedicar unas cuantas visitas más para ir asumiendo enlazar todo, y no fué hasta primeros de este año cuando empecé ha hacerla con una caída, cayendo siempre en el bloque final, ya que siempre llegaba tostado.

Para los que no conozcan la vía en cuestión, se trata de una linea de placa desplomada de granito de canto de unos 20mts, de fuerza resistencia, una autentica maravilla; empieza con una secuencia larga como de 6C+, luego unos 12mts de escalar en 6b+, un reposo activo bueno (menos mal) y un bloque final sobre el 6C...

Hace un mes ya estuve a punto de hacerla, y perdoné arriba del todo con la vía hecha en el último dinámico al canto salvador, dudé, pues no me lo podía creer y a volar...
Luego volví a las dos semanas y se me dió mucho peor...
Ayer iba sin presión, sabía para mis adentros que la vía la tenía técnicamente encadenada, que ya solo era cuestión de un poco más de tiempo...
aunque en el fondo ayer estaba ya en el tiempo de descuento, ya que el verano se me echaba encima y quizás ya no pudiera hacerla hasta el otoño...
Pero mira por donde, gracias a ir tranquilo, respirando mucho, muy concentrado, me ví en el mismo punto de lanzar o caer, pero esta vez si tuve ese plus, iba con el cuchillo entre los dientes como se suele decir, no perdoné y chapé la cadena.

Suelo gritar de una forma bastante sonora cuando chapo la cadena de las vías duras, cosa que ya me estoy haciendo mirar, pues cada vez soy mas consciente del impacto acústico que hacemos los escaladores en los zonas de escalada, y precisamente ayer, en ese momento mágico de atardecer, estábamos en una atmósfera de paz y tranquilidad poco frecuente hoy en día; ninguna lancha por el pantano, ninguna moto, ninguna cordada por los alrededores, ninguna música de ningún chiringuito... solo los pajarillos y el rumor de alguna brizna de viento de vez en cuando rozando los árboles...
el caso es que llegué como flotando y en silencio a la reunión, ni si quiera iba con la respiración acelerada en exceso, como recuerdo siempre al llegar a esta cadena.

Solo cogí suavemente la cuerda y en silencio, disfruté de esos efímeros momentos en un presente absoluto, casi sin prisa, con la emoción contenida por dentro, pero sin ansiedad, la pase por el mosquetón de la reunión y me colgué sin ningún tipo de aspaviento.  Me sentí muy bien con ello.

La escalada posee unos valores increíbles que tienen una enorme transferencia para la vida cotidiana. Deberíamos esforzarnos mucho más en seguir ese camino, desde luego uno es consciente y lo va procurando llevar a cabo cada vez con mejor resultado, en lugar de llevar todas las miserias de la vida cotidiana a nuestro deporte y los espacios naturales donde lo practicamos.

Creo que la mejor manera de agradecer la infinidad de aspectos en los que la escalada nos hace mejores personas, es devolverle a la naturaleza esos valores en forma de respeto y cuidado infinitos.


Dejo algunas fotillos de la vía, son de la temporada pasada, pero a falta de las de ayer, que guardará en su retina la única persona que estaba allí a los mandos, como casi siempre, mi fiel e incondicional compañera...
































































































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