viernes, 24 de julio de 2015

Espolón Levante al Cervunal Galayos



En estos tiempos en que el planeta tierra parece ser ya muy pequeño. Donde apenas queda un rincón sin explorar, a excepción de los oceanos claro. Tiempos en los que es relativamente asequible para "todos" irse muy lejos. Cuando digo todos, me refiero dentro del colectivo montañero, escalador y o buscador de aventuras. Porque... no engañarse, todo el que escala, goza más o menos de un poder adquisitivo mayor que la media del común de los mortales.
Y está muy bien que se viaje, que se conozcan lugares y países nuevos, culturas distintas...
Aunque no es menos cierto que muchas veces hay un olvido de lo cercano, lo local. Y es que si apenas conoces lo que te rodea, ¿porque ese afán de buscar lejos, lo que puedes tener cerca?.
Y si viajar se convierte en muchas ocasiones, en moda, ostentación y capricho, pierde el sentido.







No es algo nuevo que hable de esto, los que me conocen lo saben.
De vez en cuando viene bien recordar las cosas.
Y recogiendo el testigo y siguiendo los pasos de un grande, a través de una entrada de su blog, me recordó este mensaje... Carlos Gallego








La sierra de Gredos, gran desconocida si nos salimos de los lugares emblemáticos, es tan grande en extensión, como en olvido y reconocimiento.
Es salvaje y recia, y también cuenta con historias ancestrales, gentes anónimas de increíble valor; épicos modos de vida, que no valoramos en su justa medida, así como tradiciones y legados que no debemos dejar que se pierdan.


Esta actividad, sin grandes nombres, ni cotas, ni números, es un ejemplo de lo que digo.
Y es que desde el minuto uno, si te sales de lo típico, a pocos metros del concurrido y popular carril de los Galayos, empiezas a saborear la soledad, y te puedes retraer a tiempos pasados, y darte cuenta que no hay que ir lejos para sentir la aventura.




A poca distancia del famoso Nogal del Barranco, encontramos una recreación de un poblado de pastores, de un pasado no tan lejano. La vivienda, un refugio eventual, el horno, la despensa y fresquera donde guardaban los quesos, el corral y el cercado para las cabras... 



Me gustó el hecho de no encontrar facilmente el comienzo de la ascensión. No ves hitos, ni tampoco indicio alguno de por donde ir. Dejando que la intuición te guíe, y por sorpresa, te encuentras con el barranco Pelayo. No es hasta un par de cientos de metros, cuando encontré un hito, tan alentador, como escondido. Me gustó mucho el hecho de tener que buscar, la filosofía con que está marcado el camino, discreta, humilde, destinada solo a almas inquietas. Es una ruta de acceso para ser encontrada solo por los que saben lo que buscar y como buscarlo. Este barranco da acceso a muchas actividades escondidas, en esta modesta montaña, pero con gran personalidad. Todas ellas las podéis ver perfectamente relatadas en el blog de Carlos...






Por fin la cosa empieza a coger ambiente, y la aproximación de casi 2 horas tranquilas, por aquello de ser la primera visita y de ir reconociendo todo. En lo sucesivo se puede tardar hora y media sin grandes esfuerzos.

Y por fin empezamos a disfrutar de la roca, de buena calidad, noble como siempre es el granito...
Bajas dificultades, al comienzo con tramos de IIIº y siempre entorno al IVº como mucho en algún tramo, que no desmerecen por el ambiente. Al poco de empezar ya tenemos patio. Antes de llegar al pequeño circo, donde nace la famosa "Dama", encontramos el único indicio de ir por el camino correcto y el único paso de Vº, un clavo que solo podremos chapar pasando un aro cosido en doble, pues no entra el mosquetón.




Seguimos dejando atrás la hoya, donde nace el espolón Notario, también altivo e interesante, al que sin duda volveremos para recorrerlo y disfrutarlo...








Y sin darse cuenta aparece un espectador de lujo...los Galayos, que asoman y se dejan ver por primera vez en el día, y que ya no nos dejaran de vigilar...





Ya en la zona superior pasaremos por un par de tiradas largas con tramos aislados de IVº, por sistemas de canalizos y fisuras bastante verticales, donde disfrutaremos de un patio digno de una montaña Galayera, y por fin a la sombra, debido al ritmo tranquilo y sosegado que llevamos, con paradas largas... por aquí ya deberíamos haber pasado hace un par de horas, que son las que llevamos de retraso según el horario auto impuesto a priori, pero dado que tendremos luz hasta muy tarde y que no existe el más mínimo riesgo de tormenta, nos lo tomamos con mucha calma, toda la que nos trasmite este lugar, silencioso, apartado del bullicio, tan agradablemente separados del sendeturismo de La Mira y latita de coca cola en el Victory.
Por cierto, traer bien de agua por estos lares, si no queréis acabar el día con la garganta más seca que una alpargata.










Después llegaremos a un par de agujitas que treparemos y destreparemos para a continuación atravesar una campa que nos conduce a un sistema de rampas de unos 250m en torno al II+ que sin duda empiezan a desprender olor a cumbre, según nos a cercamos al cordal cimero, pues el viento sopla en nuestras espaldas, como queriéndonos ayudar en estos últimos metros...



Mirando al Norte el cordal que nos llevaría hasta la Mira (centro izquierda) y que tapa la parte alta de los galayos (en el centro el gran galayo)...































Una cumbre a la vieja usanza, a la altura de un paraje que conserva un sabor a otras épocas, un hito gigantesco, como pocos...






Y un atardecer castellano que a tantos y tantos ha inspirado, con el astro rey ocultandose en el Oeste detrás del Circo de Gredos y dejandonos una imagen de las que no se olvidan...





Hacia el Sur, el cordal declina rápidamente, y nos deposita en un amplio collado, con una senda, ahora si, marcada perfectamente, a modo de autopista, que se agradece.
En hora y media en la cabra, con un regusto especial, con sensación de una actividad de las que dejan huella, de las que cierras el circulo por empezar por una lado y terminar por otro.
Donde no te encuentras ni un solo resto de basura, ni colilla, ni papel alguno. Solo pido, espero y deseo que todo aquel que pase por aquí, no deje señal alguna de su visita, que su paso sea efímero, sigiloso y humilde, como la montaña que ha visitado.










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