domingo, 21 de julio de 2013

El triunfo de lo improbable.

Hace como un par de años que equipé una vía que llamé de este modo. Siempre me ha gustado este concepto...

Hoy ha sucedido algo que hace referencia a ello y me alegró.
Una de esas cosas pequeñas, que te hacen feliz, cuando afortunadamente has superado la etapa de necesitar grandes acontecimientos, viajes, logros, reconocimiento... para contentar un insaciable espíritu deborador de sensanciones que siempre pide más.

Los que aman la naturaleza disfrutarán, supongo, con esta pequeña historia...

La titularé "el albaricoque mágico".

Contiene un mensaje de esperanza y aliento, en estos tiempos tan revueltos y combulsos, en los que hasta el más optimista le cuesta gran esfuerzo bregar a diario contra tanto envilecimiento, tanta deshumanización y vacío existencial.
Nos recuerda también lo importante que es tener en cuenta lo pequeño, lo insignificante, lo efímero, pues, no se debe olvidar que, así como para un mosquito que cuenta con una esperanza de vida de un día, la existencia de un ser "humano" que pueda vivir cien años, es algo descomunal, inabarcable, ignoto, mucho más insignificante resulta la existencia de una persona con respecto al cosmos.

Es una historia de vida, en el sentido de como la vida y la naturaleza triunfan por encima del caos, de los impedimentos y las adversidades.

De como un pensamiento, tan infantil como idealista, que contra todo pronostico se produce y se cumple...una idea consumada en ideal.

De como un hecho, a priori negativo, puede desembocar el algo positivo. Lo mejor es no dejarse guiar por la primera apariencia o por juicios preconcebidos y de como el pesimismo, nos hace un flaco favor a todos y al planeta.


Nuestro protagonista, ha nacido hace unos días y es, lógicamente, un albaricoque, pero no uno cualquiera. Es un pura sangre. Con una genética bien adaptada a las severas y extremistas condiciones castellanas. En un hostil pinar, de consumidos y ácidos suelos graníticos. Al abrigo de un pedrusco y un neumático.

Y es un hecho, a priori negativo, como es una perdida regular de agua del tanque de la auto bomba, la que ha permitido florecer una semilla que fue colocada hace 10 meses.

Y es que a finales de septiembre del año pasado, poco antes de terminar la campaña, acostumbrado ya al hecho de ver chorrear agua al camión siempre por el mismo sitio y en el mismo lugar, se me ocurrió la lacónica y absurda idea de hacer un hoyito y meter un hueso, con la idea de que se pasase ahí todo el invierno, y ver si al año siguiente, al llegar de nuevo y quizá si en la empresa no reparaban la fuga, al humedecer a diario la zona, igual podría brotar.
No estubo sin embargo exento este hecho de todo tipo de burlas, descalificaciones y opiniones todas ellas poco esperanzadoras acerca de las posibilidades de que algo así sucediese y de mi infantil intención.

Aprovecho este punto para hacer una apreciación...

a juzgar por lo que observo en muchas personas, y su persistente afán por permanecer cerrados y aferrados a las creencias, a lo lógico, a lo previsible. Necesitan moverse en terreno firme constantemente. No dejan nunca hueco para el azar, la casualidad, la magia, lo improbable, lo incierto, lo confuso, lo instintivo, lo intuitivo...
Reaccionan atávica y compulsivamente contra todo lo que de alguna manera pueda hacer tambalear su burbuja de previsión, control y conocimiento, que los haga dudar de todo su montaje realista y confortable.

El caso es, volviendo de nuevo a la historia, que solo de junio a septiembre es cuando se nos ubica en ese lugar, el punto de vigilancia del verano; el resto del año, nadie vuelve por ahí.
Ahí se quedó la semilla abocada irremediablemente a 8 meses de letargo.
De modo que ha tardado un mes y medio exactamente en nacer, el tiempo justo que llevamos ahí este verano y que lleva recibiendo agua y calor regularmente.
Cierto es que se me antoja muy improbable su supervivencia pues fácil será que alguno lo pisemos sin querer, o algún día se nos vaya la mano con el camión, pero el milagro ya se produjo. Eso es lo importante.

Y en definitiva, lo voy a cuidar e intentar que tire lo suficiente para que a finales de septiembre, antes de despedirnos hasta el próximo año, poderlo sacar y plantarlo en casa.






... y este es el angelito.
Le he hecho un pequeño alcorque. Está muy sano, a pesado 3'8, gramos, y aún no sabemos su sexo.
Procede de un ejemplar que vive en la finca de un compañero, así que nos es un criollo, es ibérico autóctono.
Doy fe de que el fue un exquisito y gran individuo que me endulzó el paladar una tarde de finales de septiembre del año pasado, con el otoño incipiente.
Ahora le veo renacer, es una lección interesante, un mensaje de inmortalidad.
Es el triunfo de lo "poco probable".







1 comentario:

  1. EnHOABUENA!!!
    Claro qué sí. Siempre hay q intentarlo!... Y para los incrédulos y acomodados en el no hacer nada fuera de la zona de confort, buena lección!!

    Intentad cuidarlo!! El se ha aferrado a la vida... sólonecesita un poco de cariño y atención.... Cómo todos, ;))

    Lafan namberwan

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